El coaching da a tus defectos otra perspectiva

Por: Beatriz AG

El saber en qué eres realmente bueno te puede ayudar a decidir tu futuro profesional.

Todos poseemos talentos, habilidades o dones especiales que nos hacen ser los mejores para alguna actividad.

Es probable que si te pregunto en qué eres bueno, tu primera reacción sea pensar en aquellas cosas que te gustan de ti.

Recordar aquello que hacemos sin demasiado esfuerzo, y por lo que nos felicitan nuestros amigos, nos puede ayudar a reconocer nuestro talento especial.

Pero también es posible descubrir nuestras cualidades si nos fijamos en nuestros defectos. El truco está en cambiar el enfoque. Cambiando de perspectiva podrás descubrir que esos, hasta ahora, defectos pueden ser grandes habilidades.

Nuestros defectos pueden ser nuestros mejores aliados si cambiamos el lugar y la situación en que se producen. La misma persona puede ser vista como testaruda, cabezota, inflexible y rígida o como una persona tenaz, perseverante, luchadora y segura de sí misma. Una misma aptitud puede ser un defecto o una virtud dependiendo de la situación.

La realidad es el resultado de la interpretación que hacemos de lo que nos sucede. Muchas cosas, que no nos gustan de nosotros, pueden hacernos excepcionales en nuestra profesión.

Afirmaciones como me obsesiono demasiado, soy muy perfeccionista, soy demasiado joven o estoy cansado de que todos esperen a que yo tome la iniciativa son ejemplos de cualidades disfrazadas de defectos.

Frente a estas afirmaciones te puedes preguntar:

  • ¿En qué lugares podría tener esto utilidad?
  • ¿Cuándo es útil?
  • ¿Qué personas valoran y agradecen esta forma de actuar o de ser?
  • ¿En qué situación puede ser útil?
  • ¿Dónde es imprescindible que el trabajo lo realice una persona como yo?

Es de gran utilidad descubrir la esencia responsable de nuestros comportamientos. Una vez que sepamos la intención de nuestro comportamiento dejaremos de luchar contra nosotros para trabajar en adaptarnos a cada situación.

Porque nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira.

Reinterpretar es volver a jugar

En la gran mayoría de las situaciones de nuestra vida nos guiamos por el siguiente esquema de actuación:

  1. Recibimos un estímulo externo
  2. Interpretamos dicho estímulo
  3. Decidimos qué hacer.
  4. Llevamos a cabo una conducta concreta. Es lo que hacemos después de haber valorado las alternativas y las posibles consecuencias de nuestros actos

Pero no siempre seguimos este esquema tan razonable. Existen parámetros que influyen en nuestro comportamiento.

El primero son los filtros que cada uno de nosotros utilizamos para percibir nuestro entorno. Percibimos el mundo después que nuestra subjetividad filtra la realidad. Dos personas entenderán un mismo estímulo de manera diferente porque sus filtros les permitirán ver cosas diferentes.  Recuerda que el mapa no es el territorio.

El segundo son las emociones. Cuando nuestros sentimientos son tan fuertes que no nos permiten pensar, estamos como borrachos. En este estado nos resulta imposible valorar todas las alternativas y nuestra conducta es el resultado de un momento de locura transitoria.

Os invito a ver este video para analizar con un ejemplo estos cuatro pasos:

1: El estímulo externo: La bola está en el rough, lo que en principio supone perder un golpe.

2: La interpretación: La interpretación de Bagger Vance es “una vez más las dificultades me llevan al fracaso”.

3: La Decisión: ¿Quiere usted otro palo? Es una forma de preguntar ¿has valorado todas las alternativas posibles?. El caddy le lleva a darse cuenta de que hay una interpretación más positiva de su situación y de que existen otras alternativas.

4: Llevamos a cabo una conducta en concreto: Bagger Vance golpea la pelota; un golpe perfecto. Esta vez su cerebro está enfocado en encontrar soluciones para lograr sus objetivos.

En resumen, yo diría que, antes de llevar a cabo una conducta, deberíamos:

  • Tener presente que cuando estás recibiendo un estímulo externo tu cerebro está aplicando un proceso de selección inconsciente. Es posible que mucha información te esté pasando inadvertida.
  • Clasificar los objetivos y decidir llevar a cabo conductas que nos acerquen a lo que deseamos.
  • Analizar nuestras emociones y decidir si queremos cambiar de emoción antes de tomar una decisión o si, por el contrario, la emoción que estamos sintiendo nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos.

Haz lo bueno mejor

El sábado, seis de noviembre, leí un post que me conmovió. Se trata de: “Buscando nubes encontré estrellas” en  Sabia Vida.

En este post un profesor de Pilates, con una clara vocación para el coaching, nos enseña con gran sencillez que “cuando uno pone todo su esfuerzo en alcanzar un gran objetivo, algo que parecía muy difícil, acaba alcanzando lo que importa de verdad”.

Cuando nos encontramos ante una realidad que queremos cambiar es importante tener claros nuestros objetivos, planificar la forma de conseguirlos y ser flexible para ir ajustando nuestros planes a las realidades de cada momento.

En el momento en que cruzas el puente que une tu situación actual con el lugar al que quieres llegar y te encuentras a ti mismo en la otra orilla, te sientes más agusto contigo mismo, estás satisfecho por lo que has conseguido y es muy probable que la persona que hay al otro lado de ese puente sea mejor y un poco más sabia.

Nuestras vidas cambian cuando trabajamos por conseguir aquello que nos ilusiona, en ocasiones, mucho más de lo que llegamos a imaginar. ¿Quieres hacer realidad tus objetivos? Podemos aprender de este pequeño estratega:

¿Tienes claro tu objetivo? ¿Sabes lo que quieres?

¿Qué haces para alcanzar tu objetivo?

¿Qué tienes que aprender?

¿Qué habilidades tienes que adquirir?

¿Qué estrategia quieres utilizar? ¿Cómo lo conseguirás?

¿Qué será diferente cuando hayas conseguido tu objetivo?

¿Cómo te vas a sentir cuando lo consigas?

El poder de la imaginación

“Soy lo suficientemente artista como para dibujar libremente sobre mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo.»   Albert Einstein

A lo largo de la historia el hombre ha sido capaz de crear aquello que imaginó.

La imaginación es el recurso que nos permite generar ideas, crear nuevas realidades, encontrar soluciones originales, aprovechar oportunidades y hacer frente a los retos que nos presenta la vida.

La capacidad de crear forma parte del ser humano y creo que es una tarea pendiente enseñar a nuestros jóvenes a desarrollar su imaginación.

El poder de la imaginación es ilimitado, si queréis hacer la prueba os invito a utilizar la espiral del pensamiento creativo de Mitchel Resnick.

Espiral de Mitchel Resnick

Para empezar a usar la espiral coge un grupo de personas para que trabajen en un proyecto y esplica las reglas del juego:

  1. Imagina, visualiza aquello que quieres crear
  2. Crea, dibuja haz una maqueta del proyecto
  3. Juega, usa tu creación
  4. Compártelo con otras personas y pide feedback
  5. Reflexiona y analiza la información nueva. Realiza los ajustes que sean necesarios
  6. Vuelve a imaginar, visualiza una realidad mejor

Todos los participantes deben evitar  la critica o los juicios de valor a  las ideas. Se deben plantear problemas inesperados y crear soluciones en cualquier fase de la espiral.

Una de las tareas del coach es llevar al cliente a niveles de pensamiento creativos que le permitan imaginar un mundo diferente para después encontrar la motivación y la confianza para hacer realidad sus objetivos.