Invictus

Invictus, poema de William Ernest Henley que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo cuando estaba en prisión.

El poema da título a una película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon que cuenta la historia de cómo Nelson Mandela utilizaría el deporte como maniobra humana.

Espero que disfrutéis del poema y os animo a ver la película si aun no la habéis visto.

INVICTUS

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

INVICTUS

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

Seis cosas imposibles

«Es imposible, sólo si crees que lo es»

Cuando me propongo hacer algo, consciente o inconscientemente me hago la pregunta: ¿Soy capaz?

Si la respuesta es NO, si no me considero capaz de hacer o dejar de hacer una cosa, ni siquiera lo intento. Pero, ¿cómo puedo estar segur@ de que no soy capaz si no lo intento?

La única forma de saber si puedo lograr algo es intentarlo y para intentarlo necesito creer que lo puedo conseguir.

Sí acepto las cosas negativas que han dicho de mí cuando era más joven y pienso que siempre obtendré los mismos resultados, porque creo que son los únicos resultados posibles, estoy limitando mis posibilidades. Pero soy libre de creer lo que quiera, incluso puedo creer cosas imposibles.

Al igual que El Sombrerero Loco pienso que creer seis cosas imposibles antes de desayunar es una excelente práctica.

Pero no soy Alicia, no estoy en El País De Las Maravillas, y creer que lo puedo conseguir no me garantiza el éxito, así que no olvidaré prepararme, con todas las medidas de seguridad necesarias, por si al final resulta que no era posible.

El arte del silencio

«El silencio no tiene límites para mí, los límites los pone la palabra.» Marcel Marceau

Vivimos inmersos en un mundo ruidoso de interrupciones constantes pero cuando iniciamos una sesión de coaching es aconsejable romper el  frenético ritmo de nuestra vida cotidiana.

El coaching ayuda a que las personas obtengan resultados extraordinarios y para ello el cliente profundiza en su auto-conocimiento buscando posibles alternativas. En este trabajo, el silencio es esencial.

El silencio en una sesión de coaching es acogedor, cálido, positivo y crea un entorno de trabajo provechoso en el que el cliente puede buscar, explorar, reflexionar y escuchar con claridad sus pensamientos.

Pero estamos acostumbrados al bullicio. Esto hace que en ocasiones el silencio nos resulte un extraño compañero y tratemos de evitarlo sin antes valorar lo productivo que pueden resultar esos instantes de reflexión.

Mi labor como coach es facilitar el logro de objetivos y para ello debo permitir disfrutar a mi cliente de una búsqueda relajada de ideas y posibles alternativas, así que, la próxima vez que sienta deseos de romper el silencio recordaré que, como en el anuncio de Vodafone, «yo no soy la protagonista»,